Fray Juan de Cilleros y Felipe IV el Grande

El Convento de Santa María de Jesús, perteneciente a la Orden Franciscana, fue erigido en el año 1507 por el Señor de Salvatierra, Hernán Gómez de Solís, y su mujer Beatriz Manuel en un lugar, como es usual en los en los conventos de esa orden, apartado y medioambientalmente privilegiado, entre un mar de olivos, acebuches, encinas, helechos y, sobre todo castaños, a los pies del castillo de Salvatierra de los Barros (Badajoz).

Desde su fundación, el convento había sufrido escasas reformas, como por ejemplo la elevación del altar mayor en 1541. A mediados del siglo XVII, su estado era lamentable y a pesar de las guerras contra Portugal y la crisis política, social y económica con la que se convivía, se decidió comenzar unas obras de remodelación, a pesar de que dicho edificio se mantenía única y exclusivamente de las limosnas de algunos contribuyentes.

El convento albergaba una comunidad de unos veinte frailes dedicados al trabajo y a la oración, pero destacaba por su trabajo Fray Juan de Cilleros, Religioso Lego (miembro de la orden que se ocupan de labores manuales y de los asuntos seculares de un monasterio con el fin de permitir la plena vida contemplativa de los monjes del coro). Fray Juan resplandeció en todo género de virtudes, y la principal que admiramos, fue su desnudez; pues con haber llegado a tener cerca de setenta años de edad, y más de cuarenta y seis de Religión, no traía mas que un hábito desechado y roto. Anduvo siempre pie por tierra, descalzo, sin traer en ellos abrigo, ni defensa alguna, en todo tiempo, en el de aguas, fríos, y calores. Llévole esta desnudez la atención a la piedad de la Majestad de Felipe IV (que Dios tiene).

Había ido Fray Juan a solicitar una limosna, que su Majestad había mandado para la fábrica del Convento de Santa María de Jesús de la villa de Salvatierra. Llegó a Madrid por Enero, en ocasión que el Rey pasaba al Escorial. Fuele siguiendo Fray Juan, y estando su Majestad con su Secretario Don Luis de Oyanguren en la vidriera de un balcón, vio pasar a este Religioso tan desnudo, en un día muy escabroso y frío, porque estaba nevando; y le dijo al Secretario: “¿Qué Fraile es aquel?”. Don Luis, que estaba ya en la dependencia que tenía, y lo que solicitaba, le dio cuenta de su pretensión, y luego al punto mandó su Majestad le despachen; y añadió: “Aseguraos, que es de las mayores desnudeces, que he visto, la suya; vaya bien despachado, que por semejantes hombres nos sufre Dios en el mundo”.

Se lo dijo después Don Luis al Siervo de Dios Fray Francisco de San Nicolás, que en aquel tiempo se hallaba en la Corte. Debiósele a este Religioso, y a su solicitud, y buen ejemplo, mucha parte del reparo de dicho Convento. Se reedifica para modernizarlo bajo el patronazgo directo del rey Felipe IV y se construye una interesante iglesia barroca de la que sólo quedan en pie los muros y su hermosa españada. El escudo de la orden franciscana y el escudo real, que ahora se conservan adosados a la cabecera de la iglesia de San Blas, adornaban su puerta de acceso. El edificio es pequeño y austero tanto en su decoración como en su fabricación. Posee claustro de reducidas dimensiones pero muy bien proporcionado situándose en torno a él las diferentes dependencias como la cocina, bodega, enfermería, refectorio, oficinas, celdas e iglesia en un lateral del conjunto con cabecera orientada hacia el Este, como es habitual en las iglesias cristianas.

Llegó a estar Fray Juan de Cilleros muy cargado de achaques penosos, especialmente para caminar; mas ni estos, ni los años fueron parte para que se añadiese a su desnudez algún abrigo, ni menos para dejar de andar a pie, como la Regla manda, con haber hecho de esta edad muchos caminos largos en los tiempos mas desacomodados del año. Esta austeridad acompañó con otras muchas virtudes que tenía. En ellas le cogió la muerte en el año 1671, y descansa en el Señor en el sobre dicho Convento de Santa María de Jesús de Salvatierra de los Barros.

Las turbulencias políticas del primer cuarto del siglo XIX, particularmente violentas en la comunidad, supusieron el ocaso del convento y el punto de partida de su ruina, al igual que ocurrió con casi todos los conventos de la Provincia de San Gabriel debido a las leyes liberales y el ambiente que se había creado en torno a los conventos. Estos asaltos contra los conventos, comenzando por los franceses, asentados en España en esa época, y siguiendo por los revolucionarios liberales con sus tendencias anticlericales  hicieron de estos lugares su propio “mercadillo” donde conseguir obras de arte. Esto sucedió en el convento de Santa María de Jesús en el año 1819 cuando fue asaltado violentamente e incendiado provocando la huida de los religiosos y numerosos daños, tanto en el edificio como en sus enseres.


Fuente: Varones heroicos que en virtud, y santidad, que desde el año de mil seiscientos y cincuenta y dos hasta el de noventa y uno, ha producido la Santa Provincia de San Gabriel de los Descalzos - Fray Antonio de Truxillo.
 
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